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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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CASA PUBLICADORA BRASILEIRA 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 10 

(1 s al 8 de Marzo de 2008) 

El discipulado bajo presión 



Dr. Berndt D. Wolter 



En los lugares serios de trabajo, las decisiones relacionadas con la elección del perso- 
nal de aquellos que quieren que su emprendimiento crezca y prospera, son hechas 
basadas en la capacidad de los individuos para el puesto que ocuparán, no excluyen- 
do la importancia de la capacidad para las buenas relaciones interpersonales. Donde 
las elecciones son hechas basadas en prebendas políticas, la prosperidad poco a poco 
va siendo sustituida por una ilusión, hasta que la credibilidad se pierde y el emprendi- 
miento fracasa. 

Una iglesia no está exenta de esta realidad. 

Es claro que preferimos escoger a personas para trabajar con nosotros que sean de 
nuestro agrado y con las cuales nos entendamos. En la iglesia se da, además, el factor 
de la confianza. No se pone a alguien en un puesto sin antes haber experimentado y 
comprobado su lealtad para con los ideales de la iglesia. Esto es buen, pues ¿quién 
invitaría a un lobo para cuidar de un rebaño? Pero esa determinación puede ser lleva- 
da a extremos que no son saludables... 

La política es una actividad natural en el ser humano. Aristóteles decía que el ser 
humano es esencialmente político. Hay distintos significados para la expresión política: 
1) En un uso trivial, vago y a veces un tanto peyorativo, política, tanto como sustantivo 
como adjetivo, comprende las acciones, conductas, maniobras, entendimientos y des- 
entendimientos de los hombres (los políticos) para conquistar el poder, y eso era lo 
que los discípulos estaban haciendo. 2) En un sentido más estricto, como una síntesis 
de lo anterior, se considera política como el arte de conquistar, mantener y ejercer el 
poder, o el gobierno. 3) La política es el conjunto de esfuerzos, hechos a través de las 
relaciones humanas, con la finalidad de encontrar el bien común (Wikipedia). 

Con la tercera definición podría estar de acuerdo, por ser sana y aplicable a la iglesia. 
En otras palabras, en la iglesia, es necesario debatir algunos temas y, teniendo en 
cuenta los medios establecidos por la iglesia, llegar a conclusiones en conjunto, un 
consenso en la medida de lo posible. Y este proceso "político" sano de búsqueda de 
consenso democrático no solo es tolerado, sino que es necesario que suceda. 

Pero lo que estaba ocurriendo con los discípulos no era esa clase de política "limpia". 
Lo que ellos ansiaban era acomodar su propia vida. Querían obtener alguna ventaja de 
la influencia que ejercían para provecho propio. Cuando esta preocupación respecto 



del beneficio propio es puesta por encima del objetivo mayor de la obra de Dios, hay 
algo que anda mal. No podemos contar con las bendiciones de Dios cuando permiti- 
mos que los motivos egoístas tomen cuenta de la causa santa del Señor. Nadie puede 
obtener ventajas personales de la iglesia de Dios. Tengamos en cuenta el caso de 
Ananías y Sátira en Hechos 5. 

Los beneficios personales, la búsqueda de ventajas para ciertas personas, sólo por ser 
parientes (Mateo 20:21), sin tener en cuenta su capacidad, son cosas abominables. 
Cuando eso sucede, muchos de los que antes disfrutaban de un gran respeto y estima 
hacen que los hermanos se indignen contra ellos (Mateo 20:24). 

En este contexto, Jesús aprovecha la oportunidad de dejar bien en claro cuál es la 
"política" del Reino de los Cielos: "Pero entre vosotros no será así. Al contrario, el que 
desee ser grande entre vosotros, debe ser vuestro servidor. Y el que quiera ser el pri- 
mero entre vosotros, deberá ser vuestro siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino 
para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:26- 
28). En la Iglesia, la supremacía se encuentra en el servicio y en la humildad; la honra 
en la dedicación y la sencillez. 

A mis hermanos que desempeñan alguna función en la iglesia les digo: Noten que 
Jesús formuló esta frase en forma de mandato, una orden: "¡No será así entre voso- 
tros!" Jesús previo que la iglesia se llenaría de elementos humanos si dejásemos que 
la política (los intereses personales) se impusiera y que, con esto, el poder divino se 
perdería. 

Quiero hacer recordar que somos llamados a cumplir también este mandamiento, 
puesto que "no todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, si- 
no el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21 -23). 

¡Cuan positivo fue recibir la influencia de hombres y mujeres desprendidos del yo en 
mis primeros años en la iglesia! ¡Cuan bueno fue recibir de hombres y mujeres sabios 
las instrucciones para mis primeros pasos en mi peregrinaje como discípulo! Aún re- 
cuerdo cómo la honestidad y la trasparencia practicada por los miembros de la iglesia 
donde fui bautizado conquistaron mi corazón. El carácter de Cristo fue traducido para 
mi corazón sediento y deseoso de encontrar algo más elevado. 

Jamás te atrevas a manchar a la iglesia del Señor con tu vanidad personal, con el de- 
seo de figurar, con los privilegios personales, utilizando tu influencia para tu beneficio 
propio y el de parientes y amigos. Las personas se perderán por la decepción de ver 
impureza donde debería existir la más elevada norma o por ver el estado de indiferen- 
cia de una iglesia relajada e inactiva. "Así, si la luz que hay en ti es oscura, ¿cuan 
grande será esa oscuridad?" (Mateo 6:23). 



El modelo del poder 

La línea que separa un celo saludable de un fanatismo irracional, ¡es tan delgada! Per- 
sonas que en un momento aprecian la religión que lleva al equilibrio y la restauración, 
en el momento siguiente se vuelven fanáticos insoportables, cuando toman a la reli- 
gión en sus propias manos. 



El poder civil al servicio de la fe, y viceversa, ha mostrado sus nefastos resultados en 
la Edad Media. Y todas las veces que queramos obtener resultados rápidos y visibles, 
por manos humanas, da como resultado que haya personas que pierdan de vista el re- 
ino de Dios. 

En el comentario de la lección anterior, ya hemos utilizado este versículo, pero ahora 
quiero explorarlo un poco más aún: "Así, fijamos nuestros ojos, no en lo que se ve, si- 
no en lo que no se ve. Porque lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve, es eter- 
no" (2 Corintios 4:18). 

El reino de Dios no está conformado por cosas visibles: "Respondió Jesús: Mi reino no 
es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores hubieran peleado 
para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí" (Juan 18:36). 

Hay decenas de pasajes bíblicos que afirman que el reino de Dios no está constituido 
de cosas tangibles o visibles. El reino de Dios está, sí, conformado por cosas que no 
podemos captar con nuestros cinco sentidos. ¿Y cuáles serían estas cosas? ¿Cómo 
serían las cosas espirituales? Ya he abordado en otra lección estos elementos espiri- 
tuales de otra manera, pero, ¿por qué no decir que el reino de Dios crece en nosotros 
(Lucas 17:21)? El fruto del Espíritu, por ejemplo: "Pero el fruto del Espíritu es: amor, 
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio..." 
(Gálatas 5:22, 23). Las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los pobres en espíritu... 
los que lloran... los mansos... los que tienen hambre y sed de justicia... los misericor- 
diosos... los de limpio corazón... los pacificadores..." (Mateo 5). Todas estas carac- 
terísticas, que deben ser desarrolladas poco a poco en el corazón del discípulo, no son 
visibles, ni tangibles. 

Exactamente en el contexto en el que Jesús reprendió el que la práctica de cosas espi- 
rituales se hicieran "para ser vistos de los hombres", en aquella secuencia de tres ele- 
mentos (oración, ayuno y limosnas) de Mateo 6, nuestro Maestro exhorta a que re- 
unamos "tesoros en el cielo, donde ni polilla ni óxido corrompen, ni ladrones destruyen 
y roban" (Mateo 6:20). Y en otra ocasión, Él llama insensato a aquél que sólo se con- 
centra en lo visible (Lucas 12:20). 

Cuando una iglesia insiste demasiado en elementos externos, es porque no tiene mu- 
cha certeza de que su mensaje va a tener el impacto necesario en el interior, a punto 
de llegar a producir los mismos efectos externos, surgiendo de adentro hacia fuera. 

Como adventistas, que tenemos un mensaje coherente, abarcante, lógico, transforma- 
dor, nunca necesitaríamos estar preocupados con el exceso de cosas visibles, pues 
tenemos la certeza de que "El que empezó en vosotros la buena obra, la irá perfeccio- 
nando hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1 :6). 

Debemos tener cuidado con el uso de poder dentro de la iglesia. El único poder del 
cual debemos hacer uso abundante es aquél del cual Pablo explica en Romanos 1 :1 6: 
"No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el 
que cree; primero el judío y también al griego". 



El modelo de la avaricia 

La lección aborda la esencia de aquello que puede constituir el mayor peligro para la 
iglesia según se va aproximando el fin de la historia de este mundo. Hay peligros que 
vienen de afuera, pero con estos estamos relativamente familiarizados y preparados 
para rebatirlos. 

El vaciamiento de vigor espiritual, la tercerización de la experiencia con Cristo, el debi- 
litamiento del conocimiento en la Palabra y del mensaje adventista, han llevado a la 
carnalidad en la religión. Todo es visto como meramente humano, y ya no divino. 

Pablo dijo que quería hablarles a los corintios como a seres espirituales, pero todavía 
tenía que darles leche porque eran carnales (1 Corintios 3:1, 2). El mismo Pablo dice 
(2 Timoteo 3:1-5) que en los últimos días surgirían personas con características contra- 
rias al plan de Dios. De esta descripción, esta es la característica que más me llama a 
la atención, y que parece ser la dirección a la cual el mundo se está vertiendo: 
"Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia" (2 Timoteo 3:5). 

Dios continúa teniendo el mismo poder de siempre. El transforma. El sana el corazón, 
el cuerpo y la mente; su Palabra es tan poderosa como siempre lo ha sido. Creer en 
esto es poner la vida como una expresión viva de esta creencia y en eso consiste el 
llamado al discipulado. Peor que Laodicea, que es tibia e indiferente, es asumir esta 
postura cínica, marcada por la falsedad. Antes de que tú comiences a cultivar una apa- 
riencia de piedad y negar el poder de Dios, ten la osadía de hacer una de estas dos 
cosas: 1) Ten la osadía de vivir tus convicciones, y si ellas no fueran como las de la 
iglesia que tú has asumido como tu comunidad de fe, déjala. Atrévete a ser honesto 
contigo mismo y no seas un instrumento de Satanás llevando a personas honestas a 
tropezar con tu cinismo. 2) Hay una opción mucho mejor. Debes saber que la vida cris- 
tiana está marcada por una intensa lucha y que, hasta el día del retorno de Cristo, ten- 
dremos que pelear la buena batalla y guardar la fe. Si te cansas por un momento, 
podrás volver a Cristo y recomenzar. Hay poder para todo aquél que pone su vida en 
manos de Dios. 



El modelo del trueno 

Cuando nos encontramos con Cristo, iniciamos el camino de la fe con nuestros ímpe- 
tus y tendencias, así como con nuestra personalidad poco marcada con las profundas 
transformaciones de la santificación. 

A pesar de que nunca dejamos de ser nosotros mismos, a lo largo del tiempo el Espíri- 
tu Santo nos va transformando. El que es agresivo se va ablandando; el cobarde se 
vuelve valiente y audaz; el que es temeroso va siendo marcado por el amor de Dios 
(en la Biblia, lo contrario del amor no es el odio, sino el temor; el odio es sólo una for- 
ma por la que las personas esconden el temor); el impulsivo aprende a pensar antes 
de actuar; el tímido aprende a expresarse; el irritable se convierte en paciente... 

Cuando veo a un hijo del trueno convirtiéndose en apóstol del amor, tal como Juan; y 
cuando vea al impulsivo Pedro encaminando su impulsividad en la dirección correcta y 
sirviendo a Dios; cuando veo a este grupo de hombres con tan pocas probabilidades 



de ser transformadores del mundo, me siento animado y esperanzado. La santificación 
es obra de toda la vida. La culminación de ese proceso de santificación será en aquél 
día maravilloso en el cual "en un abrir y cerrar de ojos" todos seamos transformados. 

Lo que los discípulos de Cristo deben aprender es que nuestra parte consiste en ex- 
ponerse al máximo a la acción del Espíritu. Hay cosas, no obstante, que podemos y 
debemos poner fin con una decisión drástica; las explosiones emocionales, la ira exa- 
gerada, la entrega a la sensualidad, las acciones malvadas, etc. Cuanto más nos ex- 
pongamos a la acción del Espíritu, tanto más estas aristas malas de nuestro carácter 
irán desapareciendo. 

Estos modelos y otros presentados en la lección pueden ser considerados y estudia- 
dos a la luz de los comentarios de Jesucristo, que siempre dio reprensiones y orienta- 
ciones para aquellos que se sienten así. 

¡Anímate, hermano y hermana! Dios nunca esperó que los discípulos se volvieran per- 
fectos para utilizarlos en su obra. 

Dr. Berna D. Wolter 

Profesor de Misiología 

Univ. Adventista de San Pablo - Campus 2 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 



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